Confesiones y trucos de ciudadanos que reciclan

En las ciudades o en el campo, casi cualquiera tiene sus pequeños trucos para facilitarse la vida a la hora de separar la basura. Sus propios inventores los comparten

Está el meticuloso que vacía sus envases hasta la última gota. La familia que no duda porque tiene una tabla que explica dónde va cada basura. O el pícaro que hace de la necesidad virtud y convierte una caja en una papelera más. De media, cada español recicló 33,8 kilos de envases de plástico, latas, briks y envases de papel y cartón, un 12,3% más que el año anterior, según los últimos datos de Ecoembes. Por ello, cualquier ciudadano comprometido ha desarrollado pequeños trucos para sortear los obstáculos que puedan surgir: la distancia al contenedor, la falta de espacio y tiempo, las dudas acerca del destino de ciertos residuos, los olores. Sin perder de vista el objetivo final: separar los residuos, una acción sencilla con impacto ambiental. Aquí, varios recicladores comparten su día a día en torno a los cubos de colores.

Etiquetado infalible. En casa de Lucía Álvarez, madrileña de 30 años, son cuatro hermanos. “Nadie nos había enseñado muy bien a reciclar. Mi madre estaba cansada de que tirásemos mal las cosas y tener que cambiarlas”, narra. Su madre, ni corta ni perezosa, pegó un panfleto informativo de la Comunidad de Madrid para que nadie volviera a pifiarla. Pero la cosa no cuajó. “La verdad es que nadie se lo miraba”, continúa Lucía. “Entonces puso otro cartelito encima de cada papelera para identificar lo que va en cada sitio. El vidrio aparte, eso sí, porque ya no nos cabe. Y con eso la verdad es que muy bien. Nos funciona a todos”.

¿A quién le toca hoy? Según un estudio de la consultora Ipsos para Ecoembes realizado a 10.000 personas, los ciudadanos con pareja estable reciclan un 80,2%, solo por detrás de los divorciados (88,7%) y los casados (81,5%). Pablo Rodríguez, de 28 años, explica que se reparte con su pareja la tarea de bajar la basura en función de hacia dónde vayan a desplazarse. “Quien gira a la derecha al bajar de casa se lleva los plásticos porque se encuentra el contenedor amarillo de frente”, narra. “Y si giras a la izquierda, te toca el azul”. De cajón pero incontestable.

Aparcar y tirar. Existen cerca de 600.000 contenedores amarillos y azules distribuidos en 8.131 municipios de España. Pero a veces uno no vive lo suficientemente cerca como para ir con la frecuencia deseada. Le sucede a Milagros Jiménez, terapeuta ocupacional de 28 años, que habita en una casa en el campo. Ella se arregla con un método de lógica aplastante. “Los lunes y los jueves llevo todas las basuras de la casa. Y lo que hago es aparcar donde los contenedores, que están cerca de mi trabajo”, describe. “Así ahorro tiempo y aprovecho un viaje que tengo que hacer sí o sí”.

Como matrioskas. Edu Aliaga, médico de 28 años, vive en un céntrico piso de Madrid. Ante la falta de espacio para poner instalar varias papeleras, aprovechó un objeto que acumula cualquier comprador online. “Como no tengo mucho sitio en casa, aprovecho las cajas de cartón grande y las lleno de otras más pequeñas”. explica. “Y lo mismo con el plástico”.

Hasta la última gota. Alfredo Gómez, opositor de 30 años, reside a unos pocos kilómetros del municipio de Casar de Cáceres (Cáceres). La distancia le condena a espaciar sus visitas a los contenedores. Por ello ha perfeccionado el vaciado extremo de los envases. “En el caso de los envases del amarillo, vacío las latas de refresco, los zumos y demás para que no quede ninguna gota”, asegura. “Así no pueden producir malos olores y estropearse, y puedo llevarlos más tarde”.

Reciclaje por aplastamiento. A Pablo “le fascina” aplastar y arrugar las botellas de plástico antes de tirarlas. “Así entra mucho más. Cualquiera se daría cuenta”, sentencia. En su caso, la escasez de metros en la cocina le ha jugado alguna mala pasada. Pero no se amilana ante ningún inconveniente. “Tengo un cubo de 50 litros y no encuentro bolsas de ese tamaño”, relata. “Las que compro son de 40 litros. Lo que hago es estirarlas mucho para que lleguen”. Nadie le quita, eso sí, un peculiar placer derivado del reciclaje: “Me encanta levantar la bolsa amarilla cuando está llena. Parece muy pesada y luego es la más liviana”.

 

EL ‘TOP’ DE DUDAS

A los ciudadanos consultados se les siguen resistiendo algunos objetos a la hora de depositarlos. Estos son los más cuestionados:

Aerosoles. Aerosoles o esprays son, por ejemplo, los botes de desodorante o laca. Son reciclables y van al contenedor amarillo.

Papel film y papel de aluminio. Este dúo clásico de cualquier cocina también va en la papelera amarilla. El papel de horno, sin embargo, tiene su lugar en la azul.

Servilletas y cajas de pizza. La duda inmortal. Servilletas y cajas de pizza, aunque estén hasta arriba de tomate, van al contenedor azul. La única excepción es una servilleta empapada de aceite. En ese caso, se pueden tirar al cubo marrón si dispones de él. Si no lo tienes, tíralas en el cubo gris, la fracción resto.

Perchas. Las habituales perchas de plástico con el colgador metálico van al punto limpio. Como alternativa existen perchas de cartón, que pueden ser depositadas en el contenedor azul.

Maquinillas de afeitar y cepillos de dientes. Estos útiles de aseo son de plástico pero no cuentan como envases. Hay que tirarlos al cubo gris.

Bombillas. Cuando acumules varias bombillas fundidas, llévalas al punto limpio. Haz lo mismo con espejos y vasos rotos.

Maletas. Aunque la carcasa sea de plástico, la mezcla de materiales de las maletas hace que sean difícilmente reciclables en conjunto. Deposítalas en un punto limpio.

Botes de colonia. Dependerá del material del bote. Si es de plástico, contenedor amarillo. Y si es de vidrio, contenedor verde.

Conciencia 24/7. Cuando va a pescar o a dar un paseo, Alfredo no deja de sorprenderse de la cantidad de latas tiradas que encuentra. Incluso a veces halla bolsas de basura llenas y cerradas cuidadosamente abandonadas en merenderos. No duda en recogerlas. “Por supuesto que reciclar es bueno. Pero eso no es todo. Cuidar el medioambiente también es pasear por la playa y traerte unos plásticos, limpiar el campo, no tirar aceite y químicos por el baño…”, reivindica.

Doblar la apuesta. Una de las ventajas de vivir en el campo es el espacio. Milagros lo aprovecha. “Tengo doble contenedor de todo. Así, si huele mal alguna basura, la pongo en el de fuera”, explica. Hace poco se inició en el arte del compostaje. “Luego lo usamos como fertilizante”, detalla. “El papel higiénico, además, lo ponemos directamente en una bolsa compostable”.

Separación retardada. Aunque la media de cubos o papeleras se sitúa en 3,2 por hogar, según el estudio de Ipsos citado anteriormente, cada cual cuenta con sus sistemas de aprovechamiento. A veces, Edu tira en casa los envases de plástico y de papel y cartón al mismo recipiente. Luego, frente a los contenedores, como están pegados, los va separando donde corresponden. De estos desechos, cada ciudadano recicló 15,7 kilos de envases de plástico, latas y briks y 18,1 de papel y cartón.

Que no sufra el maletero. “Estando en una casa alejado de la población, reciclo vidrio, plástico y orgánico”, retoma Alfredo. “Pero hay que ir hasta los contenedores”. Para que su vehículo no sufra con los múltiples viajes, siempre cubre el maletero con un cartón, otra manera de exprimir los residuos. “Por si las bolsas tienen restos y demás”, advierte. Como Alfredo, el 79,8% de los ciudadanos encuestados en el estudio dispone de varios espacios para desechar sus residuos.

El truco final. Preguntar. Ante cualquier duda, lo mejor que se puede hacer es consultar al punto limpio más cercano. Ecoembes también facilita un asistente virtual que indica dónde tirar cada residuo u objeto.

Fuente: El país.com