Obesidad, la epidemia detrás de la pandemia

Antes de que la pandemia del Covid-19 irrumpiera en la cotidianeidad de los españoles, otra epidemia preocupaba a las autoridades sanitarias europeas: la obesidad. Los datos revelados por la organización United European Gastroenterology (UEG), demuestran que más de la mitad de la población adulta de la Unión Europea sufre sobrepeso u obesidad. En España, las estadísticas son igual de preocupantes. Se calcula que un 25% de las población adulta española tiene problemas de sobrepeso o es obesa, según datos de la Federación Española de Diabetes (FEDE). Mientras que en los menores, el porcentaje alcanza el 30%.

En el contexto de la crisis del coronavirus, estos números encienden aún más las alarmas. Sobre todo, luego de que se confirmara que la obesidad podría ser un factor de riesgo agravante del Covid-19. Desde la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), explican que la evidencia científica reunida hasta el momento, demuestra que los pacientes con Covid con sobrepeso u obesidad tienen peores índices de supervivencia y una peor evolución que el resto. De ahí la necesidad imperiosa de adoptar políticas sanitarias destinadas a educar a la sociedad sobre la alimentación saludable.

En el último tiempo, distintos estudios han dado cuenta de la relación entre el acceso a la información y las tasas de sobrepeso y obesidad. Días atrás, un informe presentado por investigadores de la Universidad de Leeds, en colaboración con la Oficina Regional de la Organización Mundial de la Salud para Europa (OMS Europa), ha aportado aún más claridad. El estudio, basado en las interacciones entre el estado socioeconómico, la educación y la dieta, evidencia que el nivel educativo tiene una influencia positiva en una dieta saludable. Datos de más de 27.000 personas de 12 países europeos, señalan que un nivel educativo más alto, tiene un efecto mitigador en la dieta más pobre en los países de bajos ingresos. Asimismo, un nivel de educación individual más alto coincide con un aumento en la ingesta nutricional más saludable.

La conclusión general con respecto al estudio de hábitos nutricionales europeos, apunta nuevamente a la necesidad de adoptar medidas para privilegiar una buena nutrición, destinadas especialmente a los grupos de educación inferior. Políticas basadas principalmente en el acceso a la información que explique con claridad en qué consiste una dieta equilibrada y cuáles son los hábitos saludables que se deben priorizar. Información que debería estar fácilmente al alcance de todos los consumidores, sin importar su nivel económico.

Como suele decirse, la información es poder. En este caso, la información y su correcta interpretación, se traduce en un beneficio para la salud. Con esto en mente, las autoridades sanitarias europeas han estado considerando en el último tiempo, la aplicación de un sistema de etiquetado de alimentos claro y sencillo, que permita a la ciudadanía identificar los alimentos nutritivos y privilegiar la ingesta de alimentos saludables, frente al consumo de productos perjudiciales para la salud. Si bien la mayoría coincide en la necesidad de implementar un sistema semejante, las naciones europeas aún no han alcanzado un consenso con respecto a cuál es el sistema de etiquetado frontal más completo y eficaz. Alcanzar una decisión debería ser una prioridad para los estados, sobre todo, considerando las alarmantes cifras.

En 2017, Francia presentó su propio sistema de etiquetado frontal de alimentos, el Nutri-Score. Este sistema funciona como un semáforo nutricional y evalúa los alimentos en función de su composición, clasificándolos en cinco categorías, desde la letra A de color verde oscuro, a la E de color rojo, es decir, peor calidad nutricional. Sin embargo, este sistema tiene ciertas limitaciones. Por ejemplo, el Nutri-Score no distingue las buenas grasas de las malas y solo permite comparar alimentos dentro de una misma categoría, lo que podría provocar inconvenientes de interpretación del etiquetado.

A fines de 2018, cuando la ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, María Luisa Carcedo anunció la futura implantación en España del Nutri-Score, algunas voces del sector criticaron la falta de distinción del sistema entre el nivel de procesamiento de los alimentos. En ese entonces, la nutricionista Amil López Viéitez, destacó como ejemplo el caso de los cereales de desayuno que a pesar de ser altos en azúcares, obtendrían una buena puntuación en el Nutri-Score por su contenido alto en fibra. “Se quedan en la zona amarilla, lo que puede sugerir al consumidor que su consumo es recomendable”, agregaba López Viéitez. Desde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) también aconsejaron que sería conveniente que el etiquetado frontal “reflejara también una información específica de los nutrientes más críticos, sal, azúcar, grasa y grasas saturadas de los productos procesados”.

Frente al avance del Nutri-Score en Europa y conscientes de sus limitaciones, las autoridades italianas presentaron un nuevo sistema, conocido como NutrInform Battery. Este sistema se basa en un símbolo de batería o pila que indica la contribución de cada alimento, desde el punto de vista nutricional, en comparación con las necesidades diarias. A diferencia del Nutri-Score, el NutrInform Battery destaca el porcentaje de calorías, grasas, azúcares y sal por porción individual, en comparación con los valores de consumo recomendados por la Unión Europea. El sistema, afirma la ministra de Agricultura italiana, Teresa Bellanova, “no penaliza, ni dictamina si un alimento es bueno o malo. Simplemente informa”.

Tal como lo explican las autoridades italianas, el objetivo detrás de la implementación de este sistema de batería es proporcionar al consumidor información clara y concisa sobre la presencia de ciertos nutriente en los alimentos. Información que, a su vez, permitiría promover una dieta variada y equilibrada. No hay que olvidar que después de todo, la información y las campañas de concienciación son eficaces a la hora de modificar los hábitos de consumo y así reducir las tasas de sobrepeso y obesidad. Así lo demuestra el último estudio Aladino en España, que constata que a pesar de que el sobrepeso y la obesidad continuaron creciendo en los sectores más desfavorecidos, los números totales bajaron gracias al acceso a la información y a la mayor concienciación de las familias con mayores ingresos. De este modo, queda claro que el foco debe estar puesto en las campañas que promuevan la simplificación de la información nutricional, pero además, en la educación que permita a los consumidores analizar las etiquetas y elegir la opción más conveniente.